Yo me quedo en casa

COnferencia de prensa del gobierno brasileño. Fuente: The New York Times.

Los liderazgos mundiales y el virus

Un ensayo de tipología

Publicado: 2020-03-26

La pandemia está poniendo a prueba la capacidad de los gobernantes para liderar la lucha de los pueblos contra el virus. Tres estilos son claramente distinguibles. 

Por un lado, los liderazgos "virus". Igual o más peligrosos que la propia pandemia. Son aquellos que han optado por desdeñar el peligro, sacando argumentos retorcidos, como que la economía no debe parar o que el virus no es tan grave, que es solo una "gripecita" (Bolsonaro dixit). En algunos casos han empleado la crisis para azuzar el racismo y promover teorías conspirativas absurdas con objetivos geopolíticos (Trump). Por supuesto, los liderazgos "virus" se resisten a implantar estrategias para defender a sus naciones de la pandemia, se mofan de las medidas de cuidado recomendadas por los profesionales de la salud, o las que plantean son estrambóticas. Como López Obrador y Bolsonaro, en las antípodas ideológicas pero equivalentes en estupidez, que han seguido abrazando y recomendando abrazarse, o que confían más en estampitas o supersticiones que en la ciencia. También están sujetos como Boris Johnnson, cuya primera estrategia fue dejar que el virus contagiara a la mayoría de británicos para que se cree una inmunidad colectiva progresiva que luego frene la cadena de infección. Implicaba dejar morir a decenas de miles de ciudadanos para ver si así el virus paraba. Es decir, una mezcla de eugenesia y estupidez. Como si el Dr. Mengele fuera su asesor de salud. Felizmente en los últimos días, debido a la presión de los propios británicos, ha cambiado de postura. Si algo comparten estos liderazgos "virus" son su populismo (de derecha o izquierda), su gusto por la "incorrección política", su hipernarcisismo y su desconfianza hacia los consensos globales sobre la ciencia y la diplomacia. Paradoja letal: son liderazgos con bases de apoyo sólidas. Por más animaladas que hagan, sus leales seguidores los siguen apoyando.

Un segundo grupo serían los liderazgos "resfriados". Es decir, aquellos que transitan entre la mediocridad y la indecisión. Personajes erráticos como Piñera en Chile, que aún reconociendo la gravedad de la crisis, se resistió a aplicar medidas drásticas hasta ayer; o Duque en Colombia, un personaje gris que, ante la crisis, no ha crecido sino que se ha mostrado balbuceante y temeroso. Son líderes, además, que carecen de consenso. Ni el pueblo ni la sociedad civil confía en ellos, lo cual debilita su capacidad de liderar a la nación en este tiempo complicado. No hay que olvidar que un resfrío es también viral, y que puede el siguiente peldaño podría ser el liderazgo "virus". Hay otros que empezaron a administrar la crisis como líderes "resfriados", pero con el paso de los días ha empezado a crecer. Como el español Pedro Sánchez, cuyo liderazgo muestra rasgos de salud.

Ese sería el tercer grupo. El de los liderazgos saludables. Aquellos que están administrando la crisis con seguridad, aplomo y saber científico. Por ejemplo, Vizcarra en Perú, que ante los primeros avances de la pandemia tomó decisiones saludables y que no ha dudado en endurecer las restricciones. Además ha logrado algo absolutamente necesario para que una cuarentena nacional funcione: el consenso. Vizcarra cuenta ahora con los más altos índices de aprobación que recuerde en democracia: 87 % de los peruanos lo respalda. La gente valora su empatía y la claridad con que transmite las medidas del Gobierno, aún a pesar de los rigores que ello ocasiona a muchos peruanos. Eso es fundamental para que las medidas radicales contra la pandemia funcionen, en particular en sociedades poco disciplinadas como la nuestra. El caso de los liderazgos asiáticos es también interesante. En Corea del Sur, donde la pandemia parece ya haberse controlado, un presidente impopular como Moon Jae-in dejó que sean las autoridades sanitarias quienes asuman el liderazgo en la batalla contra la pandemia. Y les ha funcionado. Pero, como varios analistas ya lo han señalado, las sociedades asiáticas han asumido las restricciones mejor que las europeas y latinoamericanas debido a su tradición cultural, con un sentido más colectivo y predispuesto a la sujeción a la autoridad (veáse el artículo de Byung-Chul Han).

A pesar de los devastadores efectos de la pandemia en sus respectivos países, Macron en Francia o Conte en Italia son casos de liderazgos que, aunque empezaron "resfriados" ante la crisis, han crecido y asumido la autoridad moral necesaria para liderar a sus naciones en esta "guerra". Es que, más allá de los resultados concretos, pues esta pandemia nos ha agarrado desprevenidos a todos, lo importante ahora es asumir la resistencia contra el virus con un sentido de responsabilidad colectiva. En realidad, poco van a lograr los liderazgos políticos si desde la ciudadanía no colaboramos. Pero ayuda mucho a que las autoridades asuman actitudes saludables, con ética republicana, para dirigir al aparato estatal y a la nación en esta batalla contra la pandemia.


Escrito por

Juan Fonseca

Historiador, editor y docente universitario. Interesado en reflexionar sobre la religión, la política, la historia y las sexualidades.


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